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Nuestro mundo es muy diferente al que era hace 5 o 10 años

El vocalista de la banda que encabezó la última ola del nü metal (y que pronto debutará en la Argentina) revela su fanatismo por Depeche Mode y sentencia que hacer una canción es “una experiencia de honestidad humana”.

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“Nunca fui un gran fan del metal”, reconoce Chester Bennington. “De chico amaba a The Cure y a Depeche

Mode”, explica, y seguramente confunda a más de uno: Linkin Park, la banda en la que canta este vegetariano hipertatuado de 34 años nacido en Phoenix, apareció en octubre de 2000 con un debut (Hybrid Th

eory) que les valió el mote de rap metaleros, en el peor de los casos, o de metaleros alternativos, en el no demasiado mejor. El álbum vendió 30 millones de discos y fue uno de los debuts más auspiciosos en el comienzo de una década que venía abonada por la explosión del nü metal, que luego cayó en desgracia e implosionó. El álbum fue número 2 instantáneo en Billboard y agarró a Bennington con 24 años y dos hijos en el jardín de infantes. A exactos diez años de aquello, Linkin Park tocará por primera vez en la Argentina la semana próxima en el estadio de Vélez, para presentar A Thousand Suns, el nuevo disco (el cuarto) de esta banda de California. Disco que, para cerrar todo, debutó primero en Billboard.

Entonces, ese recorrido circular de Bennington y Linkin Park nació por y en el metal (al menos en su vertiente nü). “Es obvio que debo agradecerle al metal lo que me ha dado, pero nunca quisimos cerrarnos en él. Cuan

do escuché Ministry y Nine Inch Nails de pibe, dije: ‘Mierda, estos

tipos te la ponen en la cara’. Su música era tan buena y tan energética que esos sonidos pesados terminaron influyendo en mí”, empieza a recordar el tramo. Chester dirá que él es “más de lo melódico”. Obviamente no de escuchar a Serrat, pero sí a Stone Temple Pilots, el hardcore melódico y la banda de Robert Smith. Precisamente esa búsqueda, más coreable que irascible, define mejor A Thousand Suns que cualquier griterío de los álbumes anteriores.

–¿Qué pasó? ¿Están tomando tranquilizantes? Por favor, que haya sido eso y no les haya pasado lo mismo que a Richard Ashcroft…

–¿Qué le pasó a Richard?

–No hay informaciones precisas. Pero se pasó de melódico, recaló en lo meloso y está en un plan evangelizador bastante insoportable.

–Ah, no. Por suerte no nos ha pasado eso. Sí es cierto que hicimos un disco más retraído que los anteriores, no va tan al palo siempre. Pero también es agresivo, cuidado, porque con la tecnología aplicada al sonido podemos ser intensos y ya con eso no necesitás andar gritando todo el día.

Es sabido que a los gritos no se entiende nadie (salvo tal vez los All Blacks y los operarios de Bolsa) y Chester y su coequiper vocal Mike Shinoda parecen haberlo comprendido: “Hay un trabajo muy coral en este disco para acompañar lo musical, que me parece que es muy texturado, que tiene muchas capas de sonido muy decentes”, evalúa su propia obra. Tal vez los seguidores acérrimos de la tradición de Linkin Park queden en orsai al escuchar A Thousand Suns, un disco donde por momentos hasta suenan a revival de garage cruzado con estribillos pop (algo como The Killers, para que se ubiquen). “También tiene que ver con que abrimos el juego con Mike. Si bien otras canciones que él ha compuesto las he cantado porque entendía lo que proponían, en un punto emocional es bastante jodido hacer una canción de otro. Hacer una canción es registrar qué pensás sobre algo y cómo te sentís, así que cuando Mike me mostró éstas le dije que se dejara de joder y las cantara él, que saliera de esa cosa de sólo rapear. En fin, eso elevó su confianza y no me ha quitado lugar vocal, así que genial.”

–Por otra parte, en este disco interpelan más al que los escucha como parte de la vida humana y la vida terrestre. No son sólo historias.

–Nuestro mundo es muy diferente al que era hace 5 o 10 años. Viajamos mucho gracias a la música y en todos esos viajes hemos visto los conflictos, los países ricos y pobres y en cada país de ésos, sea rico o pobre, la brecha social. Hemos visto de muchos modos qué tan buena o mala puede ser la vida y cómo eso afecta a los jóvenes. Ese espacio de juego entre el mundo externo y el mundo emocional fue nuestro leitmotiv. Porque hacer una canción es, también, una experiencia de honestidad humana.

Linkin Park propuso en sus comienzos un grito de desesperación adolescente, un rabioso “no me rompan más” adornado con rap, hardcore, metal y techno industrial. Pero cuando la ola rompió contra las costas de la moda, quedaron olvidados y tapados del polvo que levantaron los emos al empezar a revolear sus alas. “Mirá, yo soy padre, tengo dos hijos de 15 y de 14. Escuchan música bastante agresiva en un buen sentido, música que propone algo con coraje, bandas de heavy sinfónico y progresivo. La salud emocional de los chicos es algo muy delicado y siento que los emos vinieron a sacar tajada de su angustia y a deprimirlos más en un pozo para seguir vendiéndoles sus canciones. Es como si los emos hubieran venido a robarnos a nuestros hijos y poner en su lugar a zombis depresivos”, dice.

La contaminación, la guerra, el hambre digitada y la alienación de la TV y la PC aparecen expresamente citados en A Thousand Suns, cruzadas con odas libertarias como Wisdom, Justice and Love, un tema donde samplean a Martin Luther King. “No somos expertos analistas de política internacional pero, personalmente, pienso que hay una elevación moral y ética en el mundo, en un montón de sentidos, respecto de cuando empezamos a tocar. En los Estados Unidos, los mormones, judíos, católicos, protestantes y ateos conviven. Hay muchos puntos de vista filosóficos y religiosos diferentes, y no soy quién para definir qué debería estar haciendo la gente. Pero sí te puedo decir que veo que la gente está harta del poder y las divisiones.”

–Bueno, tu país tiene bastante crédito en agotarnos acerca del poder.

–En Estados Unidos, el poder de las corporaciones es gigantesco y eso genera mucho malestar aquí también. No hemos hecho felices a muchos afuera de Estados Unidos y entramos estúpidamente en esta guerra falsa, pero hay que tener cuidado porque en un país sin dinero también podés tener poder. En un país sin comida podés tener mucho más poder que en uno con mucha producción de alimentos. Creo que el mundo sería mejor si no tratáramos de tener siempre el control y el poder sobre las cosas sino sintiendo amor y teniendo tolerancia. En eso, las corporaciones y los gobiernos son responsables, pero también las organizaciones religiosas y los directores y maestros de escuela tienen su parte en todo este gran lío.

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